Sara Moraleda actriz

Tirso de Molina, maestro del enredo. Y el máximo exponente de su creación lo encontramos en Don Gil de las calzas verdes, donde se suman los celos y locuras en nombre del amor que, cuatro siglos después, vuelven a cobrar sentido gracias a la compañía Ensamble Bufo.

Respetando la idea original y el verso como vehículo transmisor, la compañía introduce algunos toques modernos al texto primigenio que lo hacen más atractivo si cabe. Un caramelo para los seis protagonistas entre los que destaca la talaverana, Sara Moraleda.

Con una energía envidiable, la actriz nos recibió minutos antes de subirse a las tablas del García Lorca de Getafe y vestirse de Doña Juana, Elvira y el propio Don Gil. Con desbordante alergría y desparpajo, compartió unos minutos para analizar la obra y, de paso, mostrarse reivindicativa en este momento dulce que atraviesa su carrera.

Cuatro siglos de su estreno y la obra no pierde vitalidad.

Sí. Se estrenó hace 400 años en el teatro Rojas de Toledo e hicimos una pequeña adaptación para traerlo a momentos contemporáneos. Trata de una chica enamorada que para recuperar a su amor se viste de hombre, algo que en aquella época era muy curioso, y hace un enredo para conseguirlo. Habla de algo tan común como el amor, los celos, el ingenio femenino y los enredos, algo que la gente puede entender muy bien, pese a que sea del Siglo de Oro, por estos temas tan cotidianos.

Aparte de ser un clásico, ¿qué te atrajo del rpyecto cuando cayó en tus manos?

Es verdad que es un clásico que escuchamos desde que empezamos a estudiar. Es un referente para nosotros. Me atrajo, además, el hecho de poder interpretar a Doña Juana. Por desgracia en el Siglo de Oro, los personajes femeninos y protagonistas son bastante escasos. Para mi fue un reto y lo que más me llamó la atención y lo asumí con muchas ganas.

Aprovechando que te tengo aquí, ¿qué atraviesa por tu cabeza ahora mismo antes de cambiarte el traje de Sara al de doña Juana?

(Ríe) Siempre, siempre, siempre hay nervios. Hay como una hormiguita antes de salir, pero estoy rodeada de compañeros maravillosos y lo que me pasa ahora es que estoy con muchas ganas de subirme a jugar. Es una comedia donde nos lo pasamos muy bien encima del escenario y el público se lo pasa aún mejor. Entonces tengo esta especie de nervios pero muchas ganas de salir a jugar.

¿Qué le imprimes de tu personalidad a este personaje?

Yo, como Sara, creo que le he aportado a Doña Juana algo de talaverana (ríe); un toque más gamberro y más de calle que a la vez atrae y acerca mucho este personaje al público. Que no simplemente sea una dama que se transviste para conseguir un amor. Sino que le doy mi experiencia o lo que somos capaces de hacer para conquistar al chico que nos gusta: pues ahora le invitamos al cine o que venga con nosotros un fin de semana. Así que, yo creo que le imprimo un poco de picardía talaverana y la experiencia de mis amores (ríe).

Y hablando de sátira: Este es un país libre y si no te gusta vete a Corea del Norte.

Así es. Es un texto de Íñigo Guardamino que estrenamos hace mes y medio. Estamos en Nave 73 y ahí seguiremos. Y hacemos una crítica social y donde es clave todas las noticias que están saliendo en la actualidad. Es totalmente diferente a Doña Juana, que es verso, un clásico de hace 400 años y este es un texto donde criticamos la sociedad actual desde un humor muy negro, un humor muy ácido. Ese es el sello de Íñigo como escritor. A pesar de que decimos cosas muy crudas la gente lo ha acogido muy bien. Desde el humor, siempre es un lugar muy inteligente para poder criticar.

El mejor vehículo para la denuncia social.

Exactamente. Es el lugar más inteligente desde donde podemos decir, criticar, ironizar, e incluso amar. Nosotros como actores, artistas, creadores o músicos tenemos un deber social. Nuestra voz, por lo que sea, se escucha. Y este texto de Íñigo hace un poco esto, criticar desde la sátira una sociedad y una política actual.

¿Se siente esa responsabilidad sobre las tablas?

Sí. Tenemos este deber social de no solo entretener, sino de plasmar a través de una historia lo que sucede en la vida real. Luego ya el espectador se lleva su propia reflexión. Pero, por lo menos, nuestro deber es contar las cosas desde un lugar.

Mandar a alguien a Corea del Norte es casi un castigo. ¿A quién mandarías?

¡Uy! Hay muchos (ríe). Hoy en día estamos sufriendo muchísimas injusticias. Creo que el ciudadano es el que lo sufre. Somos los que nos tenemos que comer todos los errores y la corrupción. No sé si los mandaría a Corea del Norte o directamente a su casa y que no salieran, pero sí que creo que hace falta un cambio para salir de estas injusticias del día a día.

Bueno vamos a ir acabando tocando la televisión. Te hemos visto en Gran Hotel o El secreto de Puente Viejo. ¿Crees que los cambios de formato son fundamentales para seguir evolucionando como actriz?

Sí. Creo que todo aporta. El acto tiene que saber, no solo de televisión de cine, sino montar un foco, coser un botón (sonríe). Creo que la riqueza de esta profesión es saber de todo. Sí que es verdad que la televisión y el teatro son formatos muy diferentes, pero los dos enriquecen. Yo he de confesar que soy más de teatro (ríe). Mi formación y mi vida laboral se ha formado en el teatro. He estado en la Compañia Nacional, he actuado con Arturo Fernández, Albert Boadella, Fernando Arrabal… Así que, aunque hay que saber de todo, mi círculo es más teatral que audiovisual.

Y ya la última. Me hablábabas de esos nervios, sumado a estrenos, ensayos, exposición mediática, IVA, de momento, al 21%… ¿Merece la pena ser actriz con todo esto?

Sin duda, ¡SÍ! (ríe). Yo por lo menos no sé vivir sin actuar, sin interpretar o contar cosas. Más que una elección laboral es una manera de vida. Porque como bien dices es muy sacrificada, a veces poco recompensada, hoy en día es muy difícil vivir con la bajada de sueldos o el 21% de IVA. Hace poco leía que solo el 8% de los actores está en un salario mínimo. Eso es vergonzante. Me asustó muchísimo. Claro que tiene que haber otra cosa que no solo es lo económico. Quién realmente vive de esto es por vocación, una manera de vida. Porque al fin y al cabo ya te digo que por recompensa económica no es (ríe). Pero para mi es muy gratificante.