Siempre que existe un problema en una gran ciudad, que trasciende a la opinión pública y salta de la calle a los despacho del Gobierno, éste corre raudo y veloz a anunciar a bombo y platillo medidas para acabar con el desaguisado. Es una técnica de comunicación corporativa extendida a toda la administración (tanto nacional, como regional o local).

Quien calla otorga, dice el refrán. Así que mejora hablar y hablar y hablar sobe vamos a hacer esto y lo otro para calmar la ira del pueblo. Al menos durante un tiempo. Pues está bien hablar pero hechos son amores. Después del anuncio y las buenas palabras hay que actuar. Y con contundencia, pues los problemas con parches no se solucionan sino que se prolonga la agonía.

El Ayuntamiento ha anunciado una campaña de concienciación contra los excrementos caninos. Pero el tiempo de los avisos se ha terminado

Ya decimos que esto es común en muchas amdinistraciones. Pero nos paramos en Pinto, donde a este paso nos va a comer la mierda literalmente hablando. No ya porque el municipio se está convirtiendo sin ningún pudor en el vertedero de la Comunidad de Madrid. Sino por la reciente denuncia de los trabajadores de limpieza de la UTE Valoriza Gestyona, quienes a través de Comisiones Obreras, sindicato mayoritario en la empresa, han puesto voz a ese clamor silencioso que recorre el municipio acerca de la falta de escrúpulos de algunos dueños de mascotas.

Esos incívicos que no recogen las heces de sus animales y que campan a sus anchas. Cómo lo van a hacer si luego vienen detrás los trabajadores y tienen que capear con esos excrementos que estos sinvergüenzas dejan en mitad de la calle.

“Da igual que sea un césped, una acera o un parque infantil. Se ha perdido todo el respeto hacia las personas. Venimos a trabajar para que el pueblo brille por su limpieza, no para regresar a casa llenos de mierda”. La queja es tremenda. Trabajadores que deben protegerse de los excrementos caninos porque a sus dueños no les da la gana de vivir en sociedad y hacer lo que les corresponde.

“Venimos a trabajar para que el pueblo brille por su limpieza, no para regresar a casa llenos de mierda”, dicen los trabajadores de limpieza de Pinto

El Ayuntamiento ha anunciado una campaña de concienciación para tratar de evitar esta situación. Pero el tiempo de los avisos ha acabado. Ya se ha visto con la proliferación de vertidos ilegales de amianto. La advertencia no está sirviendo de nada y es la hora de imponer sanciones. Y duras, a poder ser. Una multa de consideración para aquellos que creen que las ordenanzas municipales son papel mojado y que las calles son poco menos que una jungla.

La limpieza de un municipio es vital para que éste sea confortable y atractivo. Es una perogrullada, pero a la vista de esta denuncia conviene recordarlo. Todo crimen tiene un castigo, y hoy en Pinto las calles están llenas de mierda de perro que hacen imposible la gran labor de los trabajadores de limpieza.

Hay que revertir esta situación con todos los medios necesarios. Y uno de ellos es el de imponer multas a aquellos incívicos que tienen nombre y apellidos. Que se sabe perfectamente donde perpetran sus ‘hazañas’ y que pervierten el buen nombre de Pinto.