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Resulta difícil de explicar que un equipo que gana un solo partido en las diez primeras jornadas de campeonato sea capaz de vencer en dos de los tres siguientes compromisos. Pero si hablamos del Alcorcón y Juan Antonio Anquela la cosa varía sustancialmente.

La llegada del técnico jiennense al banquillo del conjunto alfarero ha supuesto el pretendido revulsivo para un colectivo que venía de encajar nada menos que ocho derrotas consecutivas. Recibió la novena en su estreno, pero a la segunda se impuso al Lugo mostrando una intensidad fuera de toda discusión.

Y este martes confirmó que la rehabilitación va camino de ser un hecho. El triunfo en Castalia ante un rival directo en la lucha por la permanencia le supone alcanzar los diez puntos y ver el panorama desde una nueva perspectiva. La situación sigue siendo extremadamente complicada, pero este Alcorcón pinta distinto.

Ante el Castellón se mostró como un bloque compacto, ordenado y disciplinado que buscó el campo rival desde el inicio. Así lo atestiguan los remates de Boateng, Álvaro Juan y Arribas antes de que a la media hora de partido el colegiado señalase penalti por mano de Gálvez en el área local. Marc Gual transformó la pena máxima y puso el partido de cara.

El descanso ya se perfilaba cuando llegó el segundo penalti a favor, esta vez por derribo de Gus Ledes a Arribas y de nuevo ejecutó con eficacia Marc Gual, que lleva tres goles en los dos últimos compromisos.

Ya en la segunda mitad, el Álcor supo salvaguardar su valiosísima renta pese a algún contado sobresalto que contrarrestó Dani Jiménez y a la expulsión de Álvaro Juan a diez minutos del final.