Las drogas no son un juego. Una obviedad que sin embargo goza de invisibilidad en gran parte de la sociedad a tenor del consumo de estupefacientes, generalmente llamativo, entre jóvenes y adolescentes. Las drogas siempre han sido un reclamo en esa etapa de la vida. Y también fuente de inspiración literaria y cinematográfica. En el primer campo, ahí tenemos ejemplos como Kerouac o Hunter S. Thompson, que reflejan ese descenso a los infiernos de sus protagonistas merced al consumo de psicotrópicos.

Historias sumamente cómicas sobre el papel, que plasmadas en la realidad causan auténtico pavor sobre cómo se puede llegar a autodestruir una persona. Teniendo en cuenta esa premisa podemos encontrar un paralelismo con Diario de una fumada y La ruleta de las drogas, que significan el debut en el campo literario de Tatiana Marivela García, auxiliar de enfermería en un centro psiquiátrico nacida en Madrid en 1990 y con la que hemos hablado sobre ambos trabajos que guardan cierta conexión.

“Todo libro tiene siempre algo de realidad. Aquí también. Con ambos he querido llegar a los jóvenes de nuestra edad, donde la marihuana es la droga de moda y contarles que afecta bastante a la cabeza y hace surgir problemas mentales. Creemos que es una planta inofensiva pero a la larga hace daño”.

“Ahora trabajando en la Sanidad lo estoy viendo. Un solo porro puede cambiar tu vida de la noche a la mañana. Te puede divertir y a la vez hacer que pierdas la razón. Ahora en este hospital es como si me hubiesen pegado una bofetada y de repente hubiese visto la realidad. No lo había visto tan claro como últimamente lo veo, y me apena ver el daño que pueden causar este tipo de sustancias”, señala Tatiana.

Así llegamos a la conexión de ambos trabajos, donde los personajes se entremezclan desde lo coloquial a lo novelesco. Y la escritora nos confiesa por poco no ven la luz, pese a ser la escritura su pasión. “Estuve a punto de no publicarlo porque había pasado tanto tiempo y había cambiado todo tanto que no me veía reflejada. Mi manera de pensar ya no es como la de tiempo atrás. Creo que nos pasa a todos, pero he querido ser fiel a ese primer escrito”.

Esa metamorfosis quizá es más evidente en La ruleta de las drogas, donde la protagonista, Carol, en su trabajo final de carrera, utiliza a sus amigos como conejillos de indias consumiendo todo tipo de alucinógenos y los efectos que éstas producen sobre ellos. Un punto de partida realmente adictivo que esconde esa propia evolución de la que nos hablaba la escritora. Una Tatiana Marivela que ya trabaja en un segundo libro del que, eso sí, se ha guardado todos los detalles.