Desireé Figueredo Lapi: «Tras ejercer como médico de urgencias, descubrí mi vocación por el área médica de cuidar nuestro exterior acompañando el interior de cada paciente»

Es una de las doctoras de referencia y una de las más seguidas en redes sociales por su manera de comunicar y sus contenidos, innovadores, reales y muy realistas. Desi Lapi es famosa por su apuesta firme por la naturalidad por encima de todo, y reconocida como una de las mejores manos en las que poner el cuidado de la piel. Médico por vocación y tradición, la vida, tuvo que emigrar de su Venezuela natal a España, la llevó a decantarse por la especialidad en la que se ha convertido en una de sus reinas.

¿Cómo nació su vocación por ser médico?
Mi vocación por ser médico nace desde muy pequeña bajo la influencia de mis padres, ambos médicos. Nunca me planteé otra profesión en mi vida. Somos una familia de médicos de distintas especialidades (madre, padre y hermano mayor), así que desde muy pronto quería dedicar mi vida a ayudar a los demás, a poder tener conexión cercana con las personas.

¿Y la de dedicarse a la medicina estética?
Nunca tuve claro cuál sería mi especialidad. Me vine tras graduarme de médico y hacer varios estudios avanzados en mi país Venezuela. Al emigrar a España mi vida cambió, tenía que salir adelante, trabajar para vivir, tomar decisiones rápidas que me facilitaran establecerme en mi nuevo lugar de asentamiento. Tras ejercer como médico de urgencias en España, busqué formas de hacer una especialidad que me apasionara, y le di una oportunidad a la medicina estética. Cuando la estudié, me di cuenta que podía ser algo a lo que me podría dedicar toda la vida; así nació mi vocación por el área médica de cuidar nuestro exterior acompañando el interior de cada paciente.

¿Tiene algo que ver con querer ayudar a envejecer o nace de algo más personal?
Tiene que ver con cuidar de nosotros mismos, el mundo y la medicina ha evolucionado, hoy tenemos mucha evidencia de que el reflejo de lo que vemos en el espejo influye en nuestro desarrollo interior, siempre desde el equilibrio y la armonía. Por eso la medicina estética se convierte en una aliada para amar nuestro envejecimiento cuidando de nosotros mismos.

¿Prefiere explorar la cara y la piel del paciente antes de que le cuente su historia?
En mi consulta, siempre escucho primero al paciente, es la prioridad. A medida que lo escucho puedo ir evaluando muchas características de sí mismo, de su piel, de sus necesidades y en especial de cómo se ve a sí mismo. Esto es clave para el éxito de cualquier acompañamiento y tratamiento. Luego hago una evaluación para realizar un diagnóstico personalizado.

¿Suele coincidir lo que le expresan con lo que usted le haría?
No siempre, las expectativas y la autoestima están muy vinculadas, la mayoría de las veces tengo que reorientar para lograr expectativas reales o bien priorizar un tratamiento u otro para que puedan entender cómo envejecemos y cómo podemos cuidarnos.

Según entra el o la paciente en consulta, ¿ya sabe lo que les ocurre y lo que pedirán?
Ver tantos pacientes de distintas edades, razas y orientaciones me ha permitido determinar ciertos rasgos fundamentales que suelen facilitar el diagnóstico. Por ejemplo: pacientes menores de 30 años casi siempre buscan orientación en el Skincare, tratamientos de calidad de piel y tratamientos de labios. Cada edad tiene sus necesidades y objetivos, lo que permite predecir lo que busca el paciente, pero siempre es prioritario escucharle.

¿Nos equivocamos mucho en la percepción de nuestra imagen real?
Vivimos en una sociedad muy exigente con los cánones de belleza, eso ha distorsionado mucho la propia percepción. Tenemos pacientes que suelen verse peor de lo que realmente están , se juzgan de forma muy dura y eso muchas veces hace que haya una baja satisfacción del tratamiento porque suelen ser muy exigentes y desear cambios o mejorías irreales, pero a día de hoy hay una tendencia a nuestro favor que es la búsqueda de la naturalidad. Y es que de eso se trata: de envejecer desde tu propia belleza. Ese es el ideal.

¿Dónde está la línea entre una preocupación sana por envejecer bien y lo que puede ser una enfermedad?
Es una línea muy delgada. Dentro de la consulta la mayoría de la veces acompañamos de forma indirecta a cada paciente en la visión de sí mismo. Esto nos exige mucho como médicos, no solo hacemos tratamientos mínimamente invasivos sino que debemos escuchar, empatizar y a veces, diagnosticar ciertos trastornos como el dismórfico corporal, cosmeticorexia, depresión o ansiedad, donde prima la salud antes de realizar cualquier procedimiento estético.

¿Qué ocurrió tras la pandemia en su vida profesional?
Bueno, tuve mi primera clínica en el año 2018 en Madrid. Tras la pandemia decidí darle un nuevo enfoque a mi especialidad, quería dedicarme a ser divulgadora médica y docente de mi especialidad, así que en 2023 abrí mi consulta privada en Soy Medicina estética junto al Dr. Richard Rocha, donde hoy mantengo un espacio donde puedo hacer de mi profesión un lugar donde estar con mis pacientes.

¿Qué es lo que más suele ver?
Lo más frecuente es desear tratar y combatir la flacidez en pacientes de generación Silver o Boomers, lo cual me impulsa más a divulgar que el cuidado facial comienza pronto para prevenir y pausar el ritmo de aparición de los signos de flacidez que no solo depende de la edad y está más que demostrado.

¿Lo peor para la piel?
No dormir; mala alimentación, en especial la azúcar; el tabaco y la exposición solar sin control.

¿Qué es lo que menos sabemos de antienvejecimiento?
Que es altamente prevenible desde casa. Nuestras acciones y hábitos son la base fundamental, los tratamientos médicos estéticos son un aliado pero no son lo determinante.

¿Hay algo que usted nunca se haría?
Colocarme hilos tensores especulados. Hoy apuesto por tratamientos más respetuosos con nuestra piel.

¿Lo que más le piden en consulta?
Lo que más: tratamiento de Biolifting con inductores de colágeno. Pero varía según la edad: menos de 30 años buscan Skinbooster (calidad de piel) y tratamientos de labios; entre los 30 y 40 años desean tratar líneas de expresión con neuromoduladores y comienzan a hacer tratamientos de reposición de volúmenes o polinucleótidos; mientras que de los 40 años en adelante convergen hacia un mismo objetivo: tratar flacidez, manchas y rejuvenecimiento de arrugas o líneas de expresión.

¿A qué dice o diría que ‘no’?
Lo tengo claro: digo que ‘no’ a pacientes muy jóvenes que vienen con deseos transformadores, radicales e ideales influidos por lo que ven en redes sociales (intento orientarlos y bridarles información veraz y real). Digo que ‘no’ a pacientes con expectativas irreales. La medicina estética no es cirugía. Por ello escuchar al paciente es fundamental para saber si es un paciente que quiero y puedo tratar en mi consulta. El paciente me elige, pero yo también le elijo a él, es un trabajo en conjunto.

Cuando llegó de Venezuela, ¿cuáles fueron las mayores diferencias que encontró en cuanto al cuidado de la piel?
Lo primero: las estaciones del tiempo. La piel va cambiando sus necesidades con la edad, pero también con la temperatura, la humedad, y eso me hizo querer saber más sobre cómo modificar hábitos de cuidado en invierno o en verano. También la exposición solar acumulada. Me impresionó cómo estar bronceados en el verano denotaba belleza y «salud», algo que se promueve hacer lo mínimo posible por el aumento de cáncer de piel y de fotodaño acumulado. Y, por último, vengo de un país donde el culto a la belleza es desproporcionado, pero en España a lo largo de estos 8 años he visto un cambio de pensamiento. En 2018 persistían los mitos y el miedo, pero a medida que han pasado los años, especialmente tras la pandemia, se ha notado un deseo por mejorar hábitos y acceder con más confianza a los procedimientos médicos estéticos con el objetivo de prevenir, tratar y cuidarse sin perder la naturalidad.

¿En qué se diferencia el envejecimiento de hombres y mujeres?
Los hombres cada día están más presentes en nuestra consulta: ellos también quieren potenciar esa fase del autocuidado. La principal diferencia entre hombres y mujeres radica en la percepción y la expectativa. Ciertamente a nivel del rostro no envejece igual el hombre que la mujer por las estructuras óseas, grasas y la piel. Pero los hombres suelen tener una alta tasa de satisfacción con pocos tratamientos, solo exigen protocolos y acompañamiento.

¿Cuáles diría que son los mayores mitos y/o mentiras o falsedades referentes a la medicina estética?
Hay muchos, pero lo que me sorprende es que se siga creyendo que el Botox (neuromoduladores) es un relleno, que da volumen y deforma, cuando está demostrado que es un medicamento muy seguro y con gran evidencia científica. Otra falsedad es pensar que todos los productos tienen la misma calidad y seguridad. No es así.

¿Es tarde alguna vez?
Nunca es tarde, mi paciente más longevo tiene 83 años y es una paciente que tiene una visión real de su edad, pero no significa que no quiera sentirse y verse bien. Mientras las expectativas sean objetivas y reales siempre se llega a tiempo.

¿Hay gente que busca cambiarse el interior a través de su imagen y cómo se les puede transmitir que el suyo no es un problema de la piel?
Me encanta esta pregunta, tengo pacientes que son psicólogos y hablamos mucho de esto, ciertamente la medicina estética influye en la autoestima de nuestros pacientes de forma significativa, pero no es la solución a la mayoría de los problemas que hay en el interior. Por ello creo firmemente que cada día debemos trabajar más en conjunto psicólogos y médicos estéticos, para poder brindarles a esos pacientes un abordaje terapéutico combinado, siempre realista y orientado a que la solución no está solo de un lado, pero es parte de nuestra ética y moral profesional.

Por último, ¿qué es lo que más satisfacción le da de su profesión?
Escuchar y acompañar a mis pacientes. Se ‘superficializa’ esta especialidad como algo banal o trivial. Cada día certifico la gran influencia que puedo tener en mis pacientes para ayudarles, ser parte de su vida por años, y sobre todo con la honestidad de entender el envejecimiento como un obsequio que no tiene precio. Espero seguir haciéndolo por el resto de mi vida.

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