Tontxu: «Queda la ilusión de seguir haciendo canciones con las que otro se identifique, y le ayude al igual que a mí, a poner banda sonora a la vida»
Nunca ha dejado de sentirse «fuera de sitio», y quizá ahí resida la clave de la carrera musical de Tontxu. Desde los años 80 hasta hoy el cantautor vasco ha escrito más de 1.500 canciones guiado por la intuición, la fe y una necesidad de poner música a la existencia. En esta conversación íntima y sin imposturas, habla de ilusión, oficio, tiempo, legado y del misterio de hacer canciones que acompañen a otros cuando ya no esté. Algunas de ellas en el su último trabajo, ‘Pueblo futuro’, con el que está haciendo una gira por nuestra geografía.
Empieza a componer en los años 80, en plena efervescencia cultural. ¿Qué queda hoy de aquel Tontxu que cantaba con urgencia y qué ha cambiado?
Queda la ilusión de seguir haciendo canciones con las que otro se identifique, y le ayude al igual que a mí, a poner banda sonora a la vida. No concibo esto de vivir sin una melodía que acompañe cada momento del día. Ha cambiado, desgraciadamente, que aquel niño que se sorprendía con la magia, se aprendió el truco y lo peor, supo quién y por qué se contrata a los magos.
Siempre ha estado en una frontera entre la canción de autor y el pop. ¿Se sintió alguna vez fuera de sitio?
Se me ocurren melodías y letras que tienen su origen en todo lo que escucho. Lo mismo escribo algo que recuerda a un bolero, un tango o una balada. Siempre me sentí y me siento «fuera de sitio» precisamente por eso. Pertenezco al genero de “cantautor” porque canto lo que escribo, nada más. Pero jamás me identifiqué con “un estilo” porque siempre hui de clichés estéticos. Soy muy decoroso en ese sentido y envidio a los compañeros que juegan y se divierten además de con su música, con su estética. Yo visto por no ir desnudo. Me interesan más la armonía, la melodía, el timbre de voz y el fondo filosófico de una canción, que lo otro. “Me pellizca” una obra musical con los ojos cerrados independientemente de la estética o el rostro del que me la canta.
¿Recuerda el momento en el que pensó: esto no es solo una afición, esto es mi vida?
Un año antes de que me fichara EMI RECORDS y fuera nominado en la categoría de Mejor autor revelación de 1977 en los Premios de la Música, un tipo se me acercó después de uno de mis primero conciertos en Bilbao y me pregunto si le podía vender una maqueta. Él no sabe que yo le recuerdo muchas veces porque pensé «…este no es de mi familia, ni mi amigo… ¿y quiere tener mis canciones en su casa?» Mi cerebro colapsó. Dejé mi trabajo como locutor los 40 Principales de la Cadena SER en Bilbao, agarré la guitarra, una bolsa con cuatro camisetas y me fui “pa Madrí”.
Sus canciones hablan de la intimidad, pero también del contexto. ¿Escribe desde lo personal para llegar a lo colectivo?
Pues mira, Paula, te juro que no tengo ni idea. No me lo planteo. Escribo canciones y no me considero responsable directo de las mismas. Creo en Dios y es «un misterio» que no alcanzo a comprender. Tengo la convicción de que es él o alguien superior a mí, el que me incita a hacer canciones que acompañen a otros que al mismo tiempo hacen para mi cosas que yo no sé hacer.
¿Cree que hoy se le exige menos a las letras que cuando empezó?
Yo desde luego no. Ni en las mías ni en las de los demás. Si no hay literatura, no me llega.
¿Le preocupa que la canción de autor haya perdido espacio frente a otros discursos más inmediatos?
No. En absoluto. Ya no me preocupa nada más que mi obra. ‘La obra’ es lo único que quedará del creador (me dijo un día Rafael Berrio) y muchos componemos canciones como Van Gogh pintaba sus cuadros, tal vez para gente que no haya nacido todavía. ¡Qué más da! El caso es dar a luz. Tus biznietos no sabrán ni como te llamas, pero todos llevarán tu alma en la suya.
¿Se ha autocensurado alguna vez?
Yo no. Pero dependiendo de la reacción de mis seres queridos, a los que muestro mis canciones antes de publicarlas, las grabo o se van a la basura. Después de 43 años escribiendo canciones ya tengo la media, en mi caso, escribo cien canciones y solamente me vale una. Me ayudó mucho a mejorar esta proporción mi hija Leire cuando le enseñe una canción horrorosa de no sé qué estilo moderno. Cuando terminé el tema se me quedó mirando fijamente con un gesto entre compasivo y benevolente y me dijo: «Aita: ¿Por qué no haces lo que se te da bien?»
Cumplir años en la música no siempre es fácil. ¿Le afecta?
Ni mi público ni yo tenemos edad. Estamos juntos aquí y nos queremos “por otra cosa”
¿Qué relación tiene hoy con sus canciones antiguas? ¿La sigue sintiendo?
¡Buff! He escrito más de 1.500 canciones y de ellas canto 15 o 20 que sigo sintiendo porque en los conciertos vienen amigos que las cantan conmigo como quien recuerda una anécdota de su juventud. El tiempo es el único juez del arte. Y el público el único testigo.
¿Hay alguna canción que ya no podría escribir porque pertenece a otra etapa vital?
Claro, muchas. Todos cambiamos. Hasta de creencias y gustos. Ayer repasé el historial de favoritos de mi cuenta de Youtube y viendo varios videos pensé con extrañeza: «¿Pero cómo me podía gustar o convencer esto?»
Ha vivido el paso del vinilo al streaming. ¿Ha ganado algo el músico en este proceso?
El músico es músico antes de que se inventara el disco de pizarra y todos los formatos fonomecánicos que le han ido sucediendo. Al músico lo único que le debe preocupar es la calidad de su instrumento, la salud de sus cuerdas vocales y absolutamente nada más.
¿Qué es hoy más difícil: grabar un disco o conseguir que alguien lo escuche con atención?
Siempre fueron difíciles ambas cosas. Pero, sí, por lo que parece según informaciones que andan divulgando por ahí, hay una crisis de «déficit de atención» generalizada. Quiero pensar que es hasta positivo, ¡fíjate!, porque tiene más mérito que alguien escuche tu obra varias veces y en varios momentos distintos de su vida. Yo descubro algo que me pellizca y me lo pongo 300 veces. A Ove o Roy Borland, por ejemplo.
¿En qué momento se encuentra?
«En el atardecer de la vida», como dice la película ‘El cambio’, de Wayne W. Dyer.
¿Hace musicalmente lo que quiere?
Más que nunca, porque he aprendido a arreglar, grabar, mezclar y producir mis canciones y videos. Lo hago yo todo. Ya no puedo echar la culpa a nadie de lo que publico.
Defina su etapa actual y lo más importante para usted
Etapa familiar. Lo más importante, mantener la salud y la ilusión por mi oficio.
Si tuviera que explicar su carrera a alguien que no lo conoce, ¿qué diría que ha sido lo esencial?
No lo haría. Qué pereza… Que busque en Internet. Odio eso de hablar de mí. De hecho cuando algún amigo, con la mejor intención, trata de explicar a alguien que me conoce quién soy profesionalmente, antes me medio enfadaba, ahora directamente finjo que tengo que ir al baño y desaparezco a la francesa. Me encanta hacerlo de buen humor… uy uy uy uy uy qué chapa. ¡Y me largo!
¿Le preocupa dejar un legado?
No me preocupa, pero siento una gran responsabilidad con las personas a las que mis canciones acompañen cuando yo ya no esté.
¿Qué le gustaría que alguien sintiera al escuchar una canción suya dentro de 20 años?
Que no se sienta solo o incomprendido porque ya hubo un amigo que le puso música a lo que siente mucho antes.
¿Quién sería Tontxu si no hubiera sido músico?
Un infeliz. Aunque me pones de chófer en la cabina de un camión de mercancías de estos gigantes y me encanta también.
Y para terminar: ¿qué canción suya le define hoy mejor que nunca?
Mis canciones me definieron cuando las hice. La que me defina hoy está por escribirse y será un poquito mejor, a poder ser, que las anteriores.