
Hasta los suyos están hartos: el «sorteo de la miseria» de Sara Hernández evidencia el fracaso de su gobierno en Getafe
La Asamblea de la Juventud Trabajadora (AJT) de Getafe ha vuelto a poner sobre la mesa la profunda crisis de la vivienda en el municipio y, sobre todo, el fracaso absoluto del gobierno de Sara Hernández. Lo que para el Ayuntamiento se presenta como un sorteo de viviendas públicas es, en realidad, un “show para pobres” y un “sorteo de la miseria”, una maniobra propagandística que busca dar la apariencia de acción social mientras la realidad de miles de jóvenes y familias trabajadoras es de precariedad, incertidumbre y abandono.
Lo más llamativo de esta crítica es que no llega únicamente desde fuera. No es la oposición ni la derecha quienes levantan la voz contra la alcaldesa; llega desde quienes se suponía que eran aliados, desde quienes comparten ideología o tradición política con su gobierno. Hasta los suyos están hartos de Sara Hernández y de un modelo de gestión que prioriza el espectáculo sobre los derechos fundamentales. Esto deja al descubierto un desgobierno que ha perdido contacto con la ciudadanía y con su propia base social, un gobierno que se ha quedado solo defendiendo una propaganda vacía mientras las necesidades reales crecen día a día.
El pasado lunes 19 de enero, miembros de la AJT se plantaron frente a la alcaldesa para increparla directamente y exigir responsabilidades. En un vídeo difundido tras la protesta, la organización denunció sin rodeos: «Estamos cansadas de que monten este espectáculo con nuestra vivienda. Esto no es la lotería, es un sorteo. El sorteo de la miseria». La claridad del mensaje no deja dudas: el hartazgo ha alcanzado niveles insostenibles, y el modelo de gestión municipal, que convierte un derecho básico en un juego de azar, ha dejado de ser tolerable.
La AJT critica la teatralización y frivolidad con la que se maneja la vivienda en Getafe. Mientras el Ayuntamiento organiza sorteos, flashes y discursos, la juventud trabajadora sigue esperando soluciones reales. El sorteo, señalan, no es más que un lavado de cara, un gesto propagandístico diseñado para aparentar acción y progresismo, mientras las políticas efectivas para garantizar vivienda digna brillan por su ausencia. Los ejemplos son claros: barrios como La Aviación siguen sufriendo abandono, con planes de vivienda insuficientes, mal ejecutados o directamente contradictorios. Las cifras hablan por sí solas: mientras se hacen anuncios y se reparten migajas, la demanda real de vivienda asequible crece, y la precariedad se convierte en norma.
Pero el mensaje de la AJT no se queda solo en la crítica externa. Lo que hace que esta denuncia sea especialmente demoledora es que apunta directamente a la fractura interna del gobierno de Hernández. No se trata solo de una mirada crítica desde la oposición o los medios; la protesta evidencia que incluso personas cercanas, simpatizantes o pertenecientes al mismo espacio político empiezan a cuestionar la gestión. La implicación es clara: el agotamiento no es solo social, es político. Cuando incluso los suyos se cansan, la máscara de gestión eficiente se cae.
La AJT no escatima palabras al señalar a quienes sostienen esta situación: mientras los responsables políticos se preocupan por la imagen y los flashes, la juventud trabajadora sigue dependiendo del azar para acceder a un derecho básico.
El comunicado también hace un llamamiento a la acción colectiva: frente a los «juegos de miseria», la AJT insta a organizarse y construir alternativas reales, donde el acceso a la vivienda no dependa de la suerte, de un sorteo ridículo ni de las migajas que un gobierno agotado se digna a repartir. Este es un mensaje de construcción de poder desde abajo, de denuncia y de propuesta.
El caso de Getafe refleja un problema más amplio: un modelo de gestión que prioriza la imagen sobre la eficacia, que convierte derechos fundamentales en un espectáculo mediático y que ignora las necesidades reales de la población. La protesta de la AJT es un reflejo del hartazgo creciente entre quienes han confiado en el proyecto político de Hernández y han visto cómo las promesas de vivienda digna se disuelven en propaganda vacía.
La situación es alarmante. La juventud trabajadora de Getafe vive con la angustia de no saber si podrá acceder a un hogar, mientras el gobierno municipal finge resolver la crisis con sorteos y eventos públicos.