Paco Roca: «No te hace mejor persona ser de derechas o de izquierdas, pero vivimos en una sociedad que lo parece»

La emoción, la empatía, la melancolía en el mejor sentido, la belleza honesta que sientes cuando lees los cómics de Paco Roca es muy similar a la que sientes cuando hablas con él. Como alguien ajeno a la maldad y a la más tosca tan de moda pillería, este autor  que atesora premios de la altura de un Goya o la Medalla de Oro de las Bellas Artes y que ha escrito obras como ‘Arrugas’ o ‘La casa’ habla de la creación sin impostar ni buscar el artificio. Y sin temor a reconocer que no solo es ficción, que está él en cada dibujo, en cada letra, en cada proyecto. Su nuevo cómic, ‘El viaje’, aún sin finalizar, se publicará el 28 de mayo. A pesar del trabajo que le queda, nos hace un generoso hueco.

¿Qué sientes cuando piensas en el lugar al que has llegado?
Jamás hubiese pensado en obtener determinados reconocimientos, como ser Hijo Predilecto de mi ciudad, Valencia, o la medalla de las Bellas Artes. O que gente no aficionada a los cómics me lea o me reconozca por la calle. Me parece increíble, e intento que no se me olvide.

¿Un privilegiado?
Sí, soy afortunado. Solo el poder vivir de los cómics me parece todo un privilegio. Poder vivir de la cultura lo es. Cuando estoy muy agobiado por algo, me digo que te una gran suerte lo que tengo.

¿Qué es lo que más te importa que no altere tus creaciones?
El reconocimiento está genial y te permite vivir de esto; pero te puede llevar o a tener miedo a perder lo que tienes. O al revés: puedes acabar pensando que todo lo que haces está bien, y perder de vista la realidad.

¿Entonces?
Entonces al final es importante dejar todo ese reconocimiento fuera del estudio. Intento crear sin tener en cuenta si lo que estoy haciendo va a conectar con un gran público o si voy a recibir un premio. Intento que no me afecte y seguir creando como al principio.

Que es…
Contando cosas que son importantes para mí, y que además creo que son un reto y un crecimiento para mí como persona y como autor.

Aunque los dejes fuera del estudio, habrá algún reconocimiento al que tengas más cariño…
Sí, tener un Goya es algo que valoro mucho.  Valoro también mucho mi primer premio, que fue con ‘Arrugas’, en el salón del Cómic de Barcelona; ese es de los más importantes, porque cambió mi vida. También tengo mucho cariño al reconocimiento que me dieron como Hijo Predilecto.

¿Qué nos puedes adelantar de tu siguiente obra?
Se llama ‘El viaje’ y saldrá el 28 de mayo, si todo va bien. Lo estoy terminando. Mis cómics nunca tienen una sinopsis muy atractiva. Si funcionan mis historias es por cómo están contadas o por los personajes más que porque tengan un argumento fuerte. Y el de este no es muy atractivo tampoco, supongo.

Bueno, hay quien no piensa igual…
Este es de un tipo que se queda colgado en la Patagonia, porque su vuelo se ha cancelado y empieza  a reflexionar sobre su reciente separación y sobre los errores cometidos,  sobre si es posible mantener una relación en las sociedades que vivimos, o todo está abocado a tener que terminar en un momento u otro, y en cómo gestionamos la memoria.

¿En qué sentido?
En cómo creamos un relato del pasado para cerrar una herida y una puerta abierta a nuevas relaciones. Sobre todo esto trata ‘El viaje’.

Contar historias o tu historia, o una mezcla de ambas cosas, ¿es lo que más te salva? 
Tengo la suerte de hacer el tipo de cómic que quiero hacer. Tengo un público que de momento es fiel a cualquier historia que cuente; en ese sentido me relajo. Me puedo permitir hacer los cómics que me interesa hacer, y siempre busco los temas que me ayuden a reflexionar sobre temas que me parecen interesantes. O sobre la vida en general. O sobre muchas cosas que me van ocurriendo a mí y que pienso que o son generacionales o que le pasan a todo el mundo. Como es perder a un padre o vaciar una casa cuando esto ocurre. O la memoria de tu madre. O las relaciones de pareja. Son terrenos comunes de mucha gente.

¿Qué es la familia para Paco Roca?
Para mí era una búsqueda de la identidad que creí que había perdido, y que recuperé con el cómic ‘La casa’. Como mucha gente, intentas huir de tu origen. Sobre todo, en mi caso, que es un origen que no es que me avergüence de ello, pero que sí que es verdad que es uno que puedes no desear: tener una familia en la que la cultura no es nada importante.

Bueno, parece normal teniendo en cuenta la relevancia que tiene para ti. Es tu vida.
Mi madre era analfabeta y mi padre prácticamente también, y nunca ha habido interés por la cultura ni por los libros. Intentas en cierta manera salir de ese lugar. Con el tiempo, en mi caso con la muerte de mi padre, me reconcilié con el pasado y con esa identidad. Recuperé esa casa familiar de la que hablo en ‘La casa’, esa memoria y el contacto con una parte de mi familia. Para mí la familia es encontrar una identidad, un origen y una herencia. ‘El viaje’ es una  reflexión, creo, sobre qué tipo de familia buscamos en el presente, y cómo podemos escapar o sentirnos que la cosa falla si una familia se desmorona.

¿Te salvan los cómics?
Es verdad que dibujar y hablar sobre las cosas que te dan miedo ayuda. Ayuda hablar sobre ellas, y no sé si a que se te pasen o a saber los motivos. La soledad, la muerte, la vejez, la desmemoria, la pérdida de identidad son temas que me dan miedo y vuelvo a ellos una y otra vez. No se te van, pero sí vas entendiendo. Y están relacionados unos con otros.

¿Tienes alguna historia a medias porque sea demasiado personal?
Tengo algunas sin concluir, pero no porque sean muy personales. Eso nunca es un  problema, acabas perdiendo el pudor. Es ficción, pero también es bastante personal, y siempre tienes miedo a  exponer a otras personas, pero para mí no es un motivo para dejar a un lado un proyecto. Tengo algunos, pero porque o no he encontrado el tono para contar esas historias o en este momento me parecen arriesgadas porque son temas peliagudos y no me atrevo a meterme con ellos.

¿La novela gráfica puede llegar donde el cine o los libros de historia no pueden?
En cierta manera. Yo creo que sí, que el cómic se mueve precisamente entre esos dos medios, entre el cine y la novela. Tiene lo mejor de ambos. Por un lado tiene una libertad que no tiene el cine y es la falta de presupuesto. Nosotros no lo tenemos, no necesitas un gran equipo ni subvenciones.  En el cómic solo tenemos limitaciones como autores. Y tiene lo mejor de la literatura porque puedes dar un contenido que un audiovisual en muchos casos no puede. Podemos crear una memoria visual más sencilla que el cine y que la literatura no puede, obviamente.

¿Más referentes de cine o de literatura?
Tengo más referentes del mundo del cine que del literario. La mayoría de los autores del cómic somos grandes aficionados al cine, y en él hemos encontrado una forma de inspiración, una forma de narrar. En mi caso, vengo de la ilustración, y del diseño, y tengo una enseñanza académica en ese sentido, pero a la hora de contar historias soy autodidacta. Para mí la forma de construir un guion viene del mundo de cine. Directores como Miyazaki y el cine de Hollywood en general son claros referentes. Al mismo tiempo he intentado dejarlo dejarlos atrás, porque te hacen ver el cómic como si estuvieras rodando una película. En las historias que hago últimamente es más útil el lenguaje literario que el cinematográfico. La literatura narra lo que hacen los personajes, pero sobre todo narra lo que sienten, y mis historias van de gente sintiendo y pensando cosas más que de gente haciendo cosas.

Y cuando te propusieron llevar al cine tu obra, ¿cómo te sentiste?
Cuando me dijeron que iba a a adaptar mi obra pensé que tocaba techo. Con ‘Arrugas’  pensé que era lo mejor que le podía pasar a un autor, pero cada vez me parece menos importante. Que ‘Regreso al Edén’ sea el único de los últimos cómics que he hecho que no ha tenido un interés por adaptarse al cine me parece una buena señal. Eso es que es más literario que cinematográfico.

La memoria siempre está en tu obra, ¿temes perderla?
Pues sí, yo creo que es la causa principal por la que empecé  a interesarme por la memoria, porque tengo muy mala memoria, y siempre necesito gente al lado que me recuerde. Me pasa continuamente. Si no fuese por los demás, no tendría memoria; y la memoria es la identidad, y eso sí que me da mucho miedo: esa pérdida de todo ese pasado. Por eso ‘Arrugas’ y el Alzheimer; me veía reflejado en esa enfermedad. Todo viene de ese interés por mi propia desmemoria.

¿Qué crees que conecta con la gente de tu obra? Porque en principio se podría decir que tiene todo lo anticomercial..
No he llegado a entenderlo y me angustia un poco. He conseguido vivir de ello y no tengo muy claro porqué. Porque es verdad que mis historias a priori no son muy comerciales… Si lo comparamos con la literatura encaja mejor lo que yo hago. A veces confundimos lo que es comercial dentro del cómic con lo que es comercial dentro de la literatura.

¿Cuál es tu obra que más te emociona?
Nunca releo mis historias.  Me emocionan mientras los estoy haciendo. Todos me emocionan, algunos por motivos personales como ‘La casa’ o ‘Regreso al Edén’ o este último. Me emociono cuando hago un dibujo de mi padre cuando alguien trae ‘Arrugas’ para que se lo firme. Pienso en que si mi padre me viese… O en mi madre con ‘Regreso al Edén’, que lo pudo leer y que se emocionó. Si los tengo que releer veo un artificio, no la emoción que sentía al hacerlo.

¿Eliminarías alguno?
Uno, podría eliminar uno. El resto no los eliminaría. Los reharía todos.

¿Y cuál es  cómic que más te ha costado?
Por esfuerzo y tiempo, ‘Los surcos del azar’.  Emocionalmente el que más me costó fue ‘Regreso al Edén’.

¿Cómo es tu proceso creativo?
La idea al final no sabes de dónde viene. Tengo libretas y un Word donde apunto lo que se me pasa por la cabeza. El detonante es una emoción, cuando deja de ser un argumento para ser algo emotivo. Se parece a un enamoramiento. El dibujo es el medio final, escribo y pasan meses hasta que lo dibujo. Cuando está el guion empiezo a construir el cómic. Empiezo a bocetar toda la historia, que es la parte para mí más divertida y creativa, y luego ya el dibujo final, el entintado y todo lo demás. Es un proceso largo. Hay que tener una gran autodisciplina, cumplir la agenda que te vas marcando.

Creo que prefieres emocionar a incomodar, ¿es así?
Yo soy más de agradar que de llevar la contraria a la gente. Y mis cómics van también en ese sentido. Los que he dejado a medias es porque costaba encontrar empatía con el protagonista y me resulta difícil, porque en la vida real me cuesta también. Prefiero emocionar que incomodar. Hay historias que no cuento porque no me apetece nada incomodar a mis lectores.

¿De qué no escribirías nunca?
Quizá lo que nunca haría sería propaganda, en el sentido de intentar, aun sabiendo que lo que estás contando no es del todo cierto tergiversarlo para contar una historia a la gente y convencerla de que era así. Si lo haces, pierdes la credibilidad y la honestidad.

Un dibujo que resuma la España de hoy…
En lo político: esa polarización que tenemos, y ese sentirnos mejor y especiales por nuestra forma de pensar. No se es mejor persona por tener una ideología determinada. No te hace ser mejor persona ser de derechas o de izquierdas; la ideología no nos hace mejores ni peores, pero vivimos en una sociedad en la que lo parece. Parece que pensar de una manera o de otra te hace mejor o peor persona. En ese sentido haría el dibujo. Nos vemos con una máscara que nosotros hemos puesto para sentirnos nosotros bien.

¿Tiendes a la melancolía?
No me interesa la nostalgia, pero sí la melancolía, la aceptación de lo inevitable es la nostalgia, y eso sí. Muchas veces luchas aun sabiendo que llevas las de perder. El personaje de ‘Arrugas’, por ejemplo, que aunque sabe que va a perder luchará por mantener su dignidad.

Siempre has dibujado
Sí, es nuestra primera forma de comunicarnos, dibujar, es la manera libre de expresarnos. Lo hacemos antes de aprender a hablar. Yo nunca dejé de dibujar. Para mí el dibujo nunca ha sido el fin, por eso he trabajado en la ilustración. Y el cómic utiliza el dibujo para contar historias, que es lo que me interesa. De pequeño hacía muchos cómics, cosas que quería recordar. Y eso me ha llevado hasta hoy.

De tus comienzos ¿qué es lo que más recuerdas?
El miedo a no conseguir lo que quería y tanto ansiaba: poder vivir de los cómics, esa incertidumbre de si lo lograría y si era especial para poder publicar. Pero al mismo tiempo recuerdo la ilusión del principio por empezar, emprender, afrontar nuevos proyectos y cada dibujo que hacía; esa es la parte que intento no perder nunca, esa ilusión por empezar un proyecto. Aunque sabes que te enfrentas a un proyecto de años. No he perdido esa ilusión del principio. Sabes que va a ser un viaje duro, pero piensas que vas a conseguir muchas cosas nuevas con ese nuevo proyecto.

 

 

 

 

También te puede interesar...