
OPINIÓN| Hemos fallado todos y todas… Que todas las Noelias nos perdonen
Duele. Y eso es lo único indiscutible para mí ahora mismo. Incuestionable. Duele ver lo que está sucediendo. Noelia muere a sus 25 años. Con todos los respaldos que requiere una eutanasia legal. «Es su decisión», repiten unos y otras, pero ¿es posible aceptarlo? ¿Y si fuera tu hija, tu hermana, tu amiga, tu novia..? Yo no querría verla en la televisión en un minuto a minuto que me hace preguntarme sobre lo ético de todo esto. Incluidas estas letras.
Cuesta escoger cada palabra para expresar el dolor y las dudas, y no traspasar líneas ni faltar al respeto sin querer ni hacer un juicio. Lo que sí se puede decir es que duele, y no duele como en cualquier otro caso de eutanasia que hayamos conocido. Esto es distinto. No es como la historia de Ramón Sampedro. No lo es. Y siento mientras lo escribo que no es mío el derecho a decir esto, pero de alguna manera también siento que es mi responsabilidad hacerlo.
Contar que duele ver, escuchar, sentir y percibir en los ojos de Noelia el sufrimiento desde el que vive, actúa y decide, y la pregunta acude imperiosa: ¿puede alguien decidir desde tal dolor? Y no, esto no va de leyes ni de eutanasias, va de algo mucho más profundo y a su vez inexplicable desde la razón. Duele dentro. Mucho.
Las palabras «competente para decidir» sacuden fuerte. Y las ganas de gritar que hemos fallado todos y todas también. Que Noelia nos perdone. Que todas las Noelias lo hagan; hemos llegado muy tarde.