Juan Berrio: “El libro es el objeto más maravilloso del mundo”

Hablar con Juan Berrio es adentrarse en un universo sereno y minucioso, con la mirada siempre atenta a lo más humano a través de lo cotidiano. Lejos de la grandilocuencia, su obra —tanto en la historieta como en la ilustración— se construye desde los aparentemente pequeños gestos.

Con motivo de su participación en el cartel de la 48ª Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, Berrio reflexiona sobre el proceso creativo, la memoria lectora y el valor emocional de los libros. A lo largo de la conversación también hay espacio para revisar su trayectoria, desde los inicios marcados por la urgencia de publicar hasta una madurez en la que la mirada se vuelve más reposada

¿Qué fue lo primero que pensaste cuando te pidieron el cartel de la 48 Feria del Libro Antiguo?
Lo primero de todo fue sentirme muy afortunado porque es un encargo que he querido siempre hacer. Y la primera idea que se me ocurrió tiene mucho que ver con el cartel definitivo. Al poder dedicarlo a los 150 años de la editorial Calleja, pensé en la emoción que produce encontrar un libro favorito de la infancia y compartirlo con un ser querido más joven.

Hay en el cartel una sensación de calma y observación, ¿intencionada?
Esa sensación está presente en gran parte de mi obra, tanto en mis ilustraciones como en mis historietas. Supongo que tiene que ver con una búsqueda personal. Pero es que además es la sensación que me trasmiten las librerías y las ferias de libro antiguo, que tanto me gustan.

¿Cómo nació esta ilustración?
Como tantas veces, primero hice unos bocetos muy esquemáticos a lápiz en papel. Después busqué mucha documentación, fotos de la feria, para situarme en un punto de vista intermedio, ni dentro ni fuera de la caseta.

¿Cómo nacen habitualmente tus historias?
Es difícil concretar en qué momento nacen las ideas. Normalmente acumulas en tu cabeza, en tus cuadernos, en papeles o en grabaciones del móvil, imágenes, notas, cosas vividas o imaginadas, y en algún momento se conectan y surge una idea.

Tu última obra, ‘Los domingos también’, ¿es ahora la que más quieres por aquello de ser la nueva?
Sin duda la última obra es siempre la más especial. Pero también mi primer libro, agotado hace muchos años, ‘Ejercicios de ilustración sobre textos de Ortografía Práctica’ sigue siendo muy especial para mí. Y añadiría ‘Cuaderno de frases encontradas’, otro libro agotado que me ha dado infinidad de alegrías.

¿Puedes imaginar un mundo sin libros?
No, el libro es el objeto más maravilloso del mundo. No puedo imaginar un mundo sin él.

¿Y sin dibujos?
Tampoco. Dibujar es un acto casi reflejo, hay tantos momentos en los que de manera consciente o inconsciente dibujamos: con un boli mientras hablamos por teléfono, pero también ordenando las migas de pan durante la comida, o con un palo en la playa, o con el dedo sobre el vaho del cristal, o haciendo garabatos al acariciar la piel de un ser querido.

¿Qué prefieres historietista o ilustrador?
Me gustan esas dos primeras palabras: historietista e ilustrador, o ilustrador e historietista. Y otros términos como guionista, escritor o fotógrafo no dicen tanto de mí.

Es curioso porque no fuiste un niño al que le interesara leer cómic y, sin embargo, después…
En casa había cómics, por supuesto, los clásicos de Astérix y Tintín, y otros que traía mi hermano. Yo los leía, pero no los buscaba. Supongo que era feliz en mi mundo interior y mirando lo que me rodeaba. Fue más adelante, ya con la necesidad de contar cosas, cuando me interesé por todo lo que se había publicado y todo lo que se estaba haciendo en ese momento.

La primera forma en la que nos expresamos, antes que escribir, es el dibujo, ¿es para ti la primera y también la mejor?
Las dos formas de expresarnos son importantes para mí. Son lenguajes distintos y complementarios. A mí, como es lógico, me gusta combinarlos. El dibujo es mi medio, pero sin escribir no puedo empezar una historieta.

Empezaste en los 80, existía todavía la revista ‘Madriz’, ¿qué recuerdos tienes de aquella época? ¿Cómo ha cambiado el mundo del cómic desde entonces hasta hoy en España?
En aquellos años yo vivía con la urgencia de hacer, de llegar, de gustar. Disfrutaba de los pequeños logros de esas primeras páginas publicadas, quería hacer mil cosas, aunque no sabía muy bien cómo conseguirlo. Hoy lo vivo toda de manera diferente, conozco mejor el camino y tengo más claros mis objetivos. Y el mundo del cómic ha cambiado mucho, afortunadamente en muchas cosas para mejor, aunque siempre se habla de crisis.

Tu obra gira en torno a lo cercano, a lo pequeño, a lo cotidiano, pero ¿es ahí donde de verdad están las mejores historias?
Bueno, yo diría que ahí están las mejores historias que yo puedo encontrar, pero como lector o como espectador disfruto de otras obras que no tienen nada que ver con todo esto. Pero sí, mi mundo interior tiene que ver con lo cercano, disfruto de las pequeñas casualidades del día a día, con los encuentros y los desencuentros, con el orden de las cosas, con los juegos de palabras y los números.

¿Cuál es a la hora de ‘crear’ la diferencia entre ilustrar para un medio y hacerlo para un proyecto personal?
La diferencia principal es que en el segundo caso tú eres el “jefe”, con las ventajas e inconvenientes que conlleva. Paradójicamente, tú puedes ser más exigente que otros y, paradójicamente también, a veces imposiciones o limitaciones externas pueden estimular tu creatividad, así que nunca terminas de saber si es mejor trabajar para ti o para otros. Me gustan los encargos, aunque no soportaría no tener la posibilidad de trabajar en mis propios proyectos.

¿Alguna vez has rechazado algún encargo?
He rechazado alguno por falta de tiempo.

¿Qué no harías nunca profesionalmente?
Creo que cuando llegue el caso lo sabré. Seguramente no podría trabajar para esos medios que buscan influir sin respetar la verdad.

¿Lo más interesante o importante para ti es la historia que cuenta lo dibujado?
Todo es importante: la historia en sí, cómo se cuenta y se estructura y cómo suceden los pequeños detalles. Es importante que los diálogos estén bien escritos, y por supuesto la parte gráfica. Pero no hay que descuidar nada, a mí me desanima mucho si leo una historieta en un mal papel, con una tipografía fea o con la letra pequeña, o que tenga un mal diseño. Hay que cuidarlo todo.

Te consideran promotor del cómic independiente, ¿dónde marcarías la línea que diferencia ese cómic independiente?
Las pocas cosas que yo he podido hacer más allá de mi trabajo como autor, como montar revistas o fanzines, las he hecho por el gusto de hacerlas, no por ser independiente. Y es que además no tengo claro qué es ser independiente, creo que quien más te puede condicionar en el mundo del cómic eres tú mismo. No hay una industria, como en otras disciplinas, que quiera marcarte el paso. Y tampoco me considero independiente porque mis temas puedas ser de alguna manera minoritarios. Escribo y dibujo lo que me gusta, igual que el que lo hace sobre otros temas más comerciales.

¿Qué ha sido lo que más te ha obsesionado a lo largo de tu trayectoria?
Es una pregunta difícil. Una de mis preocupaciones de siempre es que se entienda lo que cuento.

¿Cómo cambia la mirada con los años? ¿Y cómo se refleja en tu trabajo?
He cambiado permanentemente de técnica y de metodología de trabajo, pero los temas que me interesan son más o menos los mismos. Y creo que mi estilo se reconoce a lo largo del tiempo. Y sí, la mirada es diferente porque el mundo es diferente y las vivencias te condicionan. Quizá eso lo pueden ver mejor los otros, los lectores, pero pienso que probablemente mi mirada sea ahora más reposada.

¿Creíste alguna vez que el cómic viviría unos tiempos tan álgidos en España como ahora? Hasta tenemos Feria del Cómic…
No soy muy de imaginar el futuro, en todo caso tiendo a pensar que las cosas no mejorarán sino que irán a peor. Afortunadamente ahora hay cosas muy buenas, como el poder llegar a nuevos lectores y la calidad de las ediciones, pero sigue habiendo mucho margen de mejora.

¿Eres de los que creen que hay que diferenciar cómic de novela gráfica?
Pienso que el término novela gráfica, que al principio nos extrañaba y nos descolocaba, ha ayudado a la difusión del cómic. Pero en estas cosas de la terminología yo creo que los autores somos los más relajados, y muchas veces usamos términos como historieta, tebeo, cómic o novela gráfica indistintamente, aunque en realidad cada uno de ellos se ajuste mejor a un tipo de publicación.

Antes te preguntaba por el paso de los años, ¿se valora hoy más la ilustración que hace años?
Sin duda, sí. Siento que hay un respeto por nuestra profesión, que hay un mayor conocimiento de qué trata nuestro trabajo por parte de la sociedad, que los niños pueden saber quién ha escrito y dibujado sus cuentos, y los adolescentes pueden valorar la ilustración como una opción de futuro, teniendo escuelas, facultades y referentes que antes no teníamos.

¿Se puede vivir del dibujo sin traicionarse?
Quiero pensar que sí.

¿Prefieres que te entiendan o que te interpreten?
Quiero que me entiendan, claro. Pero a partir de ahí las interpretaciones son libres.

Y como lector: ¿qué lee Juan Berrio?
Me gusta leer libros muy diferentes. Cómic, por supuesto, pero también libros de arte, literatura… Desde hace mucho digo que mi novela favorita es ‘Cuando ya no importe’ de Onetti, aunque quizá me hayan gustado más otras lecturas. Siempre me parece que es buen momento para releer a Perec, por ejemplo. Y me gusta tener siempre a mano algún libro de poesía, necesito descubrir poetas, nuevos y viejos.

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