Juan Carlos Peinado, el modesto juez que sabe quién es el centro de la historia

En medio de un exhibicionismo obsceno y zafio, donde algunos personajes públicos miden su relevancia por el número de cámaras que les enfocan, la figura del juez Juan Carlos Peinado resulta casi anacrónica.

A pesar de instruir uno de los procedimientos más seguidos y controvertidos, no ha buscado el foco mediático. Más bien al contrario.

Mientras otros ocupan titulares y portadas en cuanto pueden, él ha elegido el camino menos vistoso y más difícil: hablar únicamente a través de sus resoluciones. Esa actitud, que debería ser normal en quien ejerce la judicatura, se ha convertido en algo digno de elogio.

Hay jueces estrella (afortunadamente pocos, y cada vez menos) y jueces servidores. Los primeros acaban siendo conocidos por su presencia pública; los segundos, por su trabajo. Peinado pertenece claramente a esta última categoría.

La sociedad necesita jueces preparados e independientes, pero también necesita jueces que comprendan que su papel no es ocupar el centro del escenario. Peinado ha demostrado que no aspira a convertirse en protagonista de la historia.

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