Mar Olayo: «Un concierto, una exposición, un libro, una obra, un cuadro o un relato pueden convertirse en medicamentos, en becas de estudio, en alimentos o en oportunidades»
Fundadora y directora de una de las ONG más importantes, Cinco Palabras, Mar Olayo ha hecho realidad la aparentemente utópica creencia de que la palabra es un arma cargada de futuro. Ha conseguido a través del arte y la literatura ayudar a muchísimas causas y ha logrado que se impliquen todo tipo de personalidades.
¿Cómo nace Cinco Palabras? Creo que fue durante un vuelo cuando se te ocurrió un juego…
Soy la pequeña de veintidós hermanos y hermanas, y he tenido la suerte de crecer en una familia donde el amor al prójimo y el arte eran algo natural. Durante mis treinta y dos años como tripulante de cabina en Iberia empecé un juego con mis compañeros. Yo les decía cinco palabras y teníamos que escribir un relato de no más de cien palabras con esas cinco palabras, sin cambiar su posición. Aquel reto empezó a entusiasmar y pronto fui recopilando decenas de relatos, y los uní en un libro para ayudar a las Misioneras de Malabo, de los Sagrados Corazones de Jesús y María, con quienes colaboraba, con la convicción de que la literatura podía convertirse en una herramienta solidaria. Mi cuñado, José Cabrera, me animó a crear un blog para llegar más lejos: marolayo.blogspot.com. Así nació el primer germen de Cinco Palabras.
¿En qué momento sentiste que querías cambiar tu vida, pasar de viajar por el mundo a intentar cambiarlo?
Nunca sentí que estuviera cambiando de vida, porque ayudar siempre ha formado parte de la mía. Desde muy pequeña soñaba con ser pintora y misionera. Trabajar durante más de tres décadas en una compañía aérea me mostró necesidades diferentes, personas con historias difíciles y una enorme capacidad de esperanza. Eso me permitió llevar personalmente muchas de las ayudas que conseguíamos gracias a los primeros socios de la asociación. Éramos muy pocos, pero la ilusión multiplicaba los recursos. También creé al personaje Cheles y sus Dislates, cuyos dibujos comenzaron a convertirse en otra forma de recaudar fondos.
¿Qué fue lo que más te hizo querer cambiar las cosas?
Creo que comprender que todos recibimos talentos para ponerlos al servicio de los demás. La vida me regaló la posibilidad de cantar, escribir, pintar, bailar y crear. Hubiera sentido que desperdiciaba esos dones si únicamente los hubiera utilizado para mí.
Yo quería devolver al mundo todo lo que el mundo me había regalado. Por eso en la ONG Cinco Palabras el arte nunca ha sido un adorno; ha sido nuestra herramienta de transformación social.
El arte sí cambia realidades…
Un concierto, una exposición, un libro, una obra de teatro, un cuadro o un relato pueden convertirse en medicamentos, en becas de estudio, en alimentos o en oportunidades para personas que lo necesitan. Lo más bonito es que ya no camino sola. A lo largo de estos años se han unido cientos de escritores, pintores, músicos, periodistas, deportistas y artistas de todas las disciplinas que han entendido que la cultura también puede salvar vidas. Cuando el arte se pone al servicio de la solidaridad, deja de ser únicamente belleza para convertirse en esperanza.
¿Cuántas causas lleváis ya?
Durante los primeros once años ayudamos una causa distinta cada mes. Hemos dado apoyo a más de un centenar de proyectos solidarios de todo tipo: enfermedades raras, infancia, discapacidad, cooperación internacional, investigación, inclusión social, educación o pobreza, entre muchas otras.
Hasta la DANA…
Sí, tras la tragedia provocada por la DANA, comprendimos que una sola causa necesitaba toda nuestra atención. Dedicamos el año completo a apoyar a Una Mujer por la Vida, porque sabíamos que concentrando todos nuestros esfuerzos podríamos conseguir una ayuda mucho mayor. Actualmente las causas son trimestrales, lo que nos permite acompañarlas durante más tiempo y generar más actividades solidarias alrededor de ellas. Además de conciertos, organizamos presentaciones de libros, exposiciones, conferencias y numerosas iniciativas creativas.
¿Y en pandemia?
Durante la pandemia, cuando no era posible celebrar eventos presenciales, organizamos las Carreras Solidarias Cinco Palabras, en las que cada persona participaba desde su propia casa o desde el lugar donde vivía. También han nacido los Retos Cinco Palabras, las camisetas pintadas solidarias, las tazas solidarias y muchas otras iniciativas que convierten la creatividad en ayuda directa para las personas. Y algo que me emociona especialmente son nuestros libros solidarios, disponibles en cincopalabras.com, porque cada ejemplar vendido continúa ayudando durante años a nuevas causas. Un libro puede seguir cambiando vidas mucho tiempo después de haber sido escrito.
¿Cómo fueron los inicios?
Cinco Palabras nació en un momento muy especial de mi vida. Era una etapa en la que me encontraba bastante sola. A veces la vida se pone cuesta arriba y te obliga a mirar hacia dentro. Entonces comprendí que, al ayudar a los demás, la primera persona a la que realmente estaba ayudando era a mí misma. La solidaridad también cura. Y Cinco Palabras fue, en cierto modo, una forma de volver a encontrarme. Poco a poco comenzaron a llegar los primeros Escritores Solidarios y, con ellos, una comunidad de personas que creían, como yo, que el arte podía cambiar vidas. Al principio éramos muy poquitos socios. Apenas ocho socios que aportaban cinco euros al mes. Eso significaba que nuestra recaudación mensual era de tan solo cuarenta euros.
¿Sentiste impotencia?
Recuerdo que me daba muchísimo pudor llegar a una causa con una cantidad tan pequeña. Sentía que no era suficiente. Entonces nació Cheles y sus Dislates que lee el periódico al revés para que las injusticias caigan por su propio peso. Empecé a dibujar a Cheles casi como un juego. Muy pronto las personas comenzaron a pedirme dibujos personalizados. A cambio hacían un donativo para las causas solidarias. Cheles se convirtió en uno de los primeros grandes aliados. Gracias a aquellos dibujos podía llegar a las familias con una cantidad mayor. Hubo un momento que nunca olvidaré. Viajé a Colombia para colaborar con la Fundación Sol en los Andes, que acompaña a niños con cáncer. Cuando entregué la recaudación, pedí disculpas porque solo podía aportar cien euros.
No hay ayuda pequeña…
La respuesta que recibí me emocionó. Me dijeron: «Mar, quizá en España cien euros parezcan poco dinero, pero aquí significan muchísimo. Con esa cantidad podemos hacer grandes cosas para nuestros niños». Aquellas palabras cambiaron por completo mi forma de pensar. Comprendí que nunca debemos infravalorar una ayuda por pequeña que parezca. Aquel día en Colombia comprendí que no existen ayudas pequeñas. Solo existen corazones grandes capaces de convertir muy poco en muchísimo. Desde entonces hemos organizado conciertos, exposiciones, presentaciones de libros, carreras solidarias, retos creativos, concursos literarios y proyectos educativos como De Pared a Pared y en la actualidad Cinco Palabras en el Cole, uno de los proyectos que más ilusión nos hace, donde enseñamos a niños y jóvenes que su creatividad también puede cambiar el mundo. Hemos ayudado a financiar estudios de niños en Uganda y Togo, impulsado proyectos de alfabetización, apoyado la lucha contra la mutilación genital femenina, acompañado a personas con enfermedades raras y colaborado con cientos de causas que han ido llegando hasta nosotros.
¿Cómo seleccionáis esas causas? Debe de ser muy difícil elegir…
Más que difícil, es profundamente triste. Ojalá no existieran tantas personas necesitando ayuda. Cada semana recibimos nuevas peticiones y detrás de cada una hay una historia que merece ser escuchada. En la ONG Cinco Palabras estudiamos cada caso con mucho cariño y mucha responsabilidad. Además, Cinco Palabras no solo ayuda con la recaudación económica. En muchas ocasiones la mayor ayuda es la difusión. Contar una historia significa que miles de personas la conocen y, a veces, alguien que nunca habíamos imaginado decide tender la mano. Nunca olvidaré la llamada de la madre de una niña con autismo. Apenas un día después de publicar su causa en nuestra web, una persona que la había leído hizo una donación directa para ayudar en la operación de su hija. Dar visibilidad también salva vidas. Nuestro Concurso de Microrrelatos Cinco Palabras también nace con esa filosofía. El ganador recibe un premio económico y, además, puede destinar la otra parte del premio a la causa solidaria que elija.
Cadena de favores: ¿lo que das la vida te lo devuelve triplicado?
Estoy convencida. Lo bueno…, y también lo malo. Por eso intento sembrar siempre el bien. La vida me ha demostrado que cada gesto de generosidad termina regresando, quizá no siempre como esperamos. Y cuando llegan momentos difíciles, procuro entenderlos como una oportunidad para crecer. Creo que esa manera de mirar la vida es la razón por la que muchas personas me dicen que soy una mujer feliz. La felicidad no consiste en no tener problemas; consiste en descubrir que tu vida tiene un propósito.
¿Qué son para ti esas cinco palabras ahora y qué significaban cuando empezaste?
Soy una amante del arte y de la creatividad y siempre me han fascinado las palabras. Vivimos rodeados de prisas, de malas noticias, de insultos, de ruido… A veces parece que nos hemos acostumbrado a escuchar palabras feas que hacen daño. Por eso me gusta pensar que los oídos también necesitan belleza. Las cinco palabras empezaron siendo un juego literario y hoy representan mucho más. Son la demostración de que algo tan sencillo como un pequeño relato puede convertirse en alimentos, en una silla adaptada, en material escolar, en una operación o en una beca. Porque las palabras, por sí solas, son importantes, pero adquieren todo su sentido cuando van acompañadas de hechos. Un relato de cien palabras puede parecer insignificante. Sin embargo, cuando
miles de personas escriben con un mismo objetivo solidario, esas palabras terminan cambiando vidas. Eso es Cinco Palabras.
¿Qué historias son las que más te han transformado?
Me emociona saber que niños y niñas han podido ser operadas gracias a la ayuda conseguida entre todos. Me emociona que en un pueblo de Ecuador se haya construido un puente para que los niños puedan ir al colegio y los médicos atender a mujeres embarazadas que antes quedaban aisladas. Me emociona pensar en los niños y niñas que hoy estudian en Uganda, Togo y otros países, o en las niñas que han evitado sufrir la mutilación genital femenina gracias a proyectos con los que hemos colaborado. Recientemente conseguimos una silla adaptada para Adrián, un niño con una enfermedad rara. Ver su sonrisa fue uno de esos momentos que justifican todo el esfuerzo. Al final descubres que quienes más cambian somos nosotros. Cada persona a la que ayudas termina enseñándote mucho más de lo que tú le has podido ofrecer.
¿Qué es lo que más te sigue emocionando?
Las personas. Me emociona comprobar cómo alguien que llega por primera vez a Cinco Palabras termina convirtiéndose en parte de esta gran familia. Me emociona la confianza que depositan en nosotros, porque saben que trabajamos con absoluta transparencia y que cada euro, cada libro, cada concierto y cada actividad tienen un único objetivo: ayudar. Y me emociona especialmente nuestro equipo. Si hay algo que define realmente a Cinco Palabras es su equipo humano. Nadie cobra por el trabajo que realiza. Las personas que formamos el equipo de la ONG colaboramos de manera completamente altruista. En una sociedad donde tantas veces se desconfía de la bondad, Cinco Palabras me ha demostrado que todavía existen personas capaces de hacer el bien por una única razón: porque la felicidad de ayudar es la mayor recompensa que puede recibir un ser humano.
El arte sí es un arma cargada de futuro, ¿verdad?
Estoy absolutamente convencida. En los momentos más difíciles una canción puede aliviar el dolor, un poema puede sostenernos, un cuadro puede devolvernos la paz y una historia puede cambiar nuestra manera de mirar el mundo. Durante la pandemia aprendimos una gran lección. No podíamos reunirnos para celebrar conciertos, pero la solidaridad no se confinó. Organizamos carreras solidarias en las que cada participante corría desde su ciudad o desde su propia casa. La creatividad no solo mantiene joven el cerebro; también mantiene viva la esperanza. Y mientras existan personas capaces de crear para compartir, siempre habrá motivos para creer en un mundo mejor.
¿Qué crees que es lo más urgente ahora mismo?
Para mí, lo urgente siempre tiene nombre y apellidos. Es la persona que aparece delante de ti y necesita ayuda. A veces alguien me llama para contarme la situación de una familia que está pasando un momento terrible. Si puedo ayudar desde la ONG Cinco Palabras, lo intento. Y si en ese momento nuestras causas ya están definidas, procuro hacerlo de manera personal. Porque la solidaridad no empieza cuando fundas una ONG; empieza mucho antes. Empieza cuando decides no mirar hacia otro lado. Creo que hemos hablado mucho de cambiar el mundo, pero a veces olvidamos que el mundo empieza en la persona que tenemos al lado.
¿Hacia dónde deberíamos mirar y todavía no estamos mirando?
Todos esperamos que quienes tienen el poder, los recursos o la capacidad de decisión solucionen los grandes problemas del mundo. Y es verdad que su responsabilidad es enorme. Pero nosotros no podemos quedarnos de brazos cruzados. Mientras llegan esas ayudas, nosotros podemos escribir un relato, organizar un concierto, comprar un libro solidario, acompañar a una persona mayor, escuchar a quien está sufriendo o tender la mano a un vecino. El mundo cambia gracias a las grandes decisiones, pero también gracias a millones de pequeños gestos.
¿Hasta qué punto deberían comprometerse las instituciones?
Las instituciones tienen una enorme responsabilidad y ojalá sigan apoyando cada vez más al tejido asociativo y a las organizaciones sociales. Pero creo que sería injusto dejar toda la responsabilidad sobre ellas. La solidaridad no puede depender únicamente de una administración, de una empresa o de una fundación. Es una responsabilidad compartida. Todos podemos hacer algo. Y, sobre todo, creo que la solidaridad debe empezar por cómo tratamos a las personas que tenemos más cerca. No tendría sentido ayudar a miles de kilómetros y olvidar a nuestros compañeros de trabajo, a nuestros vecinos o incluso a nuestra propia familia. Siempre digo que la primera ONG debería ser nuestro propio corazón.
¿Qué proyectos estáis desarrollando ahora?
En este momento una de las causas que más nos ocupa es El Reto de Claudia, una niña con una enfermedad muy rara. Por eso uno de nuestros libros solidarios, Aforismos, de José María Olayo, está dedicado íntegramente a esta causa. Cada ejemplar vendido supone una nueva oportunidad para seguir ayudando. Pero, además de las causas trimestrales, Cinco Palabras continúa desarrollando muchos proyectos paralelos. Seguimos organizando conciertos solidarios, presentaciones de libros, actividades culturales, nuestro Concurso de Microrrelatos, para adultos y también para los peques a través del proyecto Cinco Palabras en el Cole, los Retos Cinco Palabras y nuevas iniciativas creativas que permiten seguir financiando las causas. Nuestra filosofía es muy sencilla: cualquier manifestación artística puede convertirse en solidaridad si se pone al servicio de quien más lo necesita.
¿Cuáles son las causas que más te tocan el alma?
Es imposible no emocionarme con todas. Pero si tengo que responder desde el corazón, diría que la infancia. Quizá influya haber crecido siendo la pequeña de veintidós hermanos, rodeada de sobrinos y, ahora, de sobrinos nietos. Creo profundamente que ningún niño debería dejar de estudiar, de jugar, de recibir atención médica o de vivir con dignidad por el simple hecho de haber nacido en un lugar determinado o en una familia con menos recursos. Cada vez que conseguimos una beca de estudios, una operación, una silla adaptada o un tratamiento para un niño siento que todo el esfuerzo merece la pena.
¿Qué ha cambiado en estos años?
Las necesidades, por desgracia, siguen siendo muy parecidas. Continúan existiendo la pobreza, las enfermedades raras, la exclusión social, la discapacidad, la desigualdad y tantas situaciones de vulnerabilidad que siguen necesitando apoyo. Lo que sí creo que ha cambiado es nuestra forma de mirar. Cuando ocurre una gran tragedia, como sucedió con la DANA, toda la sociedad responde de una manera admirable. Pero echo de menos que esa misma solidaridad permanezca también en el día a día. Nos hemos acostumbrado a movilizarnos ante las grandes emergencias, pero a veces olvidamos que hay personas sufriendo cada día muy cerca de nosotros. Por eso siempre repito una idea que resume muy bien la filosofía de Cinco Palabras: La solidaridad empieza con quien tienes al lado.
¿Crees que la cultura ha perdido la fe en su poder transformador?
Creo que vivimos un momento apasionante y, al mismo tiempo, complejo. Nunca antes habíamos tenido tanto acceso a la cultura gracias a internet y a las redes sociales. Hoy cualquier persona puede descubrir un libro, escuchar una conferencia, visitar
un museo o aprender prácticamente cualquier disciplina desde cualquier lugar del mundo. Eso es maravilloso. Pero también vivimos rodeados de una enorme cantidad de información que muchas veces no contrastamos. Tenemos más acceso al conocimiento que nunca y, paradójicamente, corremos el riesgo de profundizar menos. Por eso me emociona comprobar que la comunidad de Cinco Palabras no deja de crecer. Cada año se incorporan nuevos escritores, músicos, pintores, periodistas, actores, deportistas y personas anónimas convencidas de que la cultura no solo entretiene. también educa, sensibiliza y une. Y, sobre todo, también salva vidas. Creo que el verdadero poder del arte aparece cuando deja de preguntarse qué puede aportar al artista y empieza a preguntarse qué puede aportar a la sociedad.
¿Qué personaje público te ha sorprendido más por su implicación solidaria?
Más que sorprenderme, me emociona comprobar la enorme generosidad de tantas personas que, teniendo agendas muy complicadas, siempre encuentran un momento para tender la mano. Sería injusto destacar solo a una. Tengo la inmensa suerte de contar con mis hermanas, las actrices Soledad Olayo y Gracia Olayo, que llevan desde el principio. También agradezco profundamente al periodista Curro Castillo, al filósofo Emilio Garoz Bejarano. Agradezco de corazón a las escritoras África Sánchez, Inma Chacón y Rosa Montero su colaboración como jurado anual. Pero podría nombrar a cientos de personas más. Actores, músicos, deportistas, periodistas, escritores, pintores… Todos ellos tienen algo en común: entienden que el talento alcanza su mayor sentido cuando se comparte. Hay muchísimas personalidades que han levantado la mano por Cinco Palabras… Sí, y cada vez que alguien levanta la mano siento una inmensa gratitud. Pero siempre digo una cosa: para nosotros vale exactamente igual la mano que levanta una persona famosa que la de quien compra un libro solidario, participa en una carrera, pinta una camiseta para un reto solidario o dedica una tarde de su tiempo como voluntario.
¿Qué cinco palabras definen hoy a Mar Olayo?
Justicia. Creatividad. Arte. Empatía. Curiosidad. La justicia, porque sigo creyendo que todos merecemos las mismas oportunidades. La creatividad, porque ha sido el motor de toda mi vida. El arte, porque ha demostrado ser una herramienta capaz de transformar el mundo. La empatía, porque solo cuando somos capaces de ponernos en el lugar del otro nace la verdadera solidaridad. Y la curiosidad, porque mientras conservemos las ganas de aprender seguiremos creciendo como personas.
Si pudieras lanzar un único mensaje a quienes piensan que una sola persona no puede cambiar nada, ¿cuál sería?
Les diría que nunca subestimen el poder de un pequeño gesto. Toda gran transformación comienza con una persona que decide dar el primer paso. Un relato de cien palabras puede parecer insignificante. Un libro solidario puede parecer poca cosa. Una entrada para un concierto benéfico. Una taza. Una camiseta pintada. Una inscripción en una carrera solidaria. Cinco palabras. Parece muy poco. Pero cuando miles de personas realizan esos pequeños gestos, terminan consiguiendo becas de estudio, operaciones, tratamientos médicos, alimentos, investigación, inclusión, educación y esperanza para cientos de familias. Eso es exactamente lo que llevamos demostrando desde hace casi catorce años. La solidaridad es contagiosa. Cuando ayudas a alguien, esa persona ayuda a otra, y esa otra inspira a una tercera. Así empieza una cadena de favores capaz de llegar mucho más lejos de lo que jamás imaginamos. Por eso sigo creyendo que lo que das a la vida, la vida te lo devuelve multiplicado. Y por eso seguiré defendiendo, mientras tenga fuerzas, que el arte no está solo para emocionar o entretener. Está para mejorar la vida de las personas. Porque una canción puede devolver la esperanza. Un cuadro puede recaudar fondos. Un libro puede financiar una beca. Cinco palabras pueden cambiar una vida. Y una persona puede empezar a cambiar el mundo. Siempre nos preguntan cuánto dinero conseguimos recaudar. Yo prefiero que nos pregunten cuántas sonrisas hemos conseguido devolver. Porque ese es el verdadero patrimonio de Cinco Palabras