
OPINIÓN| A veces la única manera de salir adelante es no esperar justicia
Violencia también es dejar a una mujer sin recursos; hacer todo lo posible para que no pueda respirar; quitarle toda credibilidad con falsos discursos sobre ella.
Y hay unas cuantas mujeres que han vivido, atravesado y transitado por tierras así de farragosas, resbaladizas y que a punto han estado de dejarlas en la asfixia. Esa era la idea, el malvado fin, la perversa venganza: que no pudieran. Que dejaran caer los brazos al tiempo que iban ahogándose.
Mujeres que han sufrido y sufren la ira de quien no va a perdonar su abandono, porque, señores, a muchas mujeres se les hace pagar no querer continuar con una relación. En tantos casos una relación terrible.
Y, sí, eso es también violencia. Tal vez indemostrable, pero violencia. Por desgracia la injusticia, el daño, el mal, es mucho más difícil de probar que un homicidio.
Si a quienes hacen frente estas mujeres, valientes y resistentes hasta límites que deberían estar prohibidos, tienen poder, la batalla es tan desigual que la salida es no esperar justicia.