Aitor Marín: «Si quisiera dinero, me hubiera hecho influencer o youtuber; esa gente gana mucho y no necesita saber escribir para publicar un libro»

El periodista y escritor Aitor Marín regresa a las librerías con ‘Será por dinero’ (Siruela), una novela negra en la que el humor y la ironía sostienen una de las obras más lúcidas y divertidas de nuestro panorama literario actual.

Con el título y la trama parece inevitable la pregunta: ¿será por dinero?
En mi caso no. Si quisiera dinero, me hubiera hecho influencer o youtuber; esa gente que gana mucho y además no necesita ni saber escribir para publicar un libro. Se trataba más bien de ponerme a prueba después de mi primera novela, ‘Conspiración Vermú’. Me reté a escribir una historia policíaca en el mismo tono, entre el humor y la ironía, y así surgió ‘Será por dinero’. También tuvo que ver el apoyo de mi esposa, que siempre me ha animado a seguir escribiendo. Aunque falleció antes de su publicación, le dio tiempo a leerla.

¿Te parece exagerado afirmar que hoy más que nunca todo lo mueve el dinero?
Hoy y ayer y supongo que mañana. No creo que en eso la sociedad haya cambiado demasiado en los últimos dos siglos. Más allá del movimiento hippy, creo que a la mayoría de la gente no le queda más remedio que pensar constantemente en el dinero, hacer cálculos para ver cómo llega a fin de mes y tragar mucho para seguir adelante. Ya incluso se habla de tecnofeudalismo, o sea que podemos prepararnos para tener cada vez menos y depender más de estos nuevos señores para los que solo somos vasallos totalmente intercambiables.

Sin clase media, el dinero urge cada vez más…
Lo que te estaba diciendo. Cada vez queda menos que repartir entre mucha más gente porque los superricos lo quieren todo para ellos, por lo que parece. Se han roto todos los consensos y el Estado del bienestar es un objetivo a destruir. Por lo que se ve, nos quieren pobres y manejables.

¿Cómo nació tu detective? Es completamente diferente…
Soy un gran aficionado a la novela negra, casi desde niño y un día, reflexionando sobre el asunto, caí en la cuenta de que hay un patrón clásico al que se recurre una y otra vez, el del investigador atormentado que se rige por sus propias normas, que tiene su propio código moral. La lista es casi infinita, pero no me gusta señalar. Así que me dije, qué demonios, ¿y si ponemos a investigar a un tipo que sea justo lo contrario, un señor, humilde y tranquilo, incapaz de saltarse ninguna norma, que para ante cualquier semáforo en ámbar y solo cruza por los pasos de cebra? Así nació Pascual Cordero, el nombre casi me vino de inmediato, y solo me quedaba crear una trama a la altura de sus escasas habilidades detectivescas.

Los nombres te han tenido que llevar un buen trabajo, porque están todos absolutamente pensados y con una clara intención.
Sí, es algo que me divierte mucho, pero hay veces que incluso surgen en mi cabeza antes incluso de tener el personaje, por lo que me ayudan a dibujar a estos actores de la trama. Pascual Cordero, Ramón Glasé, Paz Carnal, Sagrario Peusec… Una vez están ahí, me resulta mucho más sencillo imaginar qué hace, cómo son, de dónde vienen y a dónde van. Para mí es algo que ya no sabría si describir como vicio u obsesión.

Esto, lo de los nombres, es muy importante y así lo fue en la novela más relevante del XIX, para los escritores que saben que todo tiene importancia. Lo que me lleva a preguntarte por referentes, si los tienes, y por cuáles son los autores que más has admirado y admiras.
Desde luego, para mí es algo fundamental, y creo que también es importante para el lector, a quien ayuda a recordarlos y situarlos rápidamente en la trama. Referentes a la hora de escribir ‘Será por dinero’ tenía muchos, una legión. Desde los clásicos, Hamlet, Chandler o Agatha Christie, hasta autores más actuales como Pierre Lemaitre o John Connolly, que me encantan. Pero si me preguntas como lector, tendría que añadir muchos nombres ajenos al género, desde Dickens o Robert Louis Stevenson a Cortázar o, por supuesto, Eduardo Mendoza.

¿Crees en la función social de la novela negra?
A mí me gusta pensar que sí la tiene, sobre todo los autores clásicos, que supieron diseccionar a su manera su época y denunciar la injusticia. En ‘Será por dinero’ he intentado recoger el guante en este aspecto, sin ninguna ambición de adoctrinar ni de leer la cartilla a nadie, pero sí ironizando sobre una sociedad madrileña, creo que bastante identificable, que cada vez presenta más aristas, por decirlo del modo más amable posible. Al final, cuando uno escribe, es imposible dejar sus ideas fuera, todo acaba filtrándose, así que he intentado hacerlo con la mayor sutileza posible, y siempre desde la ironía. Mi intención no es hacer que nadie tuerza el gesto, sino arrancar una sonrisa.

¿Literatura como evasión o algo más? Ya sé que quien te haya leído sabrá la respuesta, pero habrá muchos que no lo hayan hecho
Como autor, el proyecto empezó siendo pura evasión, un divertimento casi terapéutico en una momento muy difícil de mi vida, el peor. Pero al final, es mucho tiempo con todos estos personajes en la cabeza, intentando comprenderlos de alguna manera, situarlos en una realidad que, aunque es ficticia, tiene mucho que ver con lo que estamos viviendo. Así que es imposible que todo esto no te haga reflexionar, llegar a tus propias conclusiones y acabar compartiéndolas con los lectores.

Como periodista, ¿hasta qué punto ayuda o perjudica serlo?
A mí al menos me ayuda. Piensa que mi herramienta de trabajo desde hace más de 30 años es la escritura, la lengua española. Eso me ha dado ciertas habilidades, una capacidad para encontrar, aunque tarde, lo reconozco mi propio estilo. También me ayuda a la hora de estructurar las tramas. Al fin y al cabo, no hay tanta diferencia entre un buen artículo y una novela policíaca: se trata siempre de contar quién, qué, cuándo, cómo y por qué.

Porque hay quienes tuvieron que dejar el periodismo para dedicarse solo a la novela, ya que decían que les perjudicaba en el estilo
No es desde luego mi caso, aunque es cierto que he conseguido compartimentar de una forma bastante saludable las dos facetas. Como periodista intento ser un poco más serio que cuando escribo novela, que es mi válvula de escape.

¿Cuánto tiempo has dedicado a la escritura de esta obra?
Tardé tres años en terminarla, pero he de reconocer que no soy de esos escritores disciplinados y constantes. Como es algo que he de compaginar con mi trabajo en la redacción, le iba dedicando el tiempo según me surgía, sin mucha organización. Sí he sido constante en cambio en lo que era darle vueltas a la trama para que al final todas las piezas encajaran. Eso acabó convirtiéndose en casi una obsesión que no me podía quitar de la cabeza.

¿Y a la corrección?
La verdad es que me gusta ir corrigiendo sobre la marcha. Empiezo siempre por releer lo que he escrito el día anterior y voy modificando lo que me parece mejorable. Una vez que la doy por acabada, solo suelo hacer una última lectura, más o menos rápida. Aunque luego sí que tuvo que pasar por otro proceso de corrección en la editorial, Siruela, pero no fue especialmente largo.

¿Por qué elegiste esa historia?
Fue casi el personaje el que me eligió a mí. Una vez que me topé con él, solo tuve que inventarme una trama policial en la que ponerle en serios aprietos. Me pareció que en la España actual lo mejor era enfrentar a Pascual Cordero con una familia de ricos, de esos que tienen una legión de abogados y una relación bastante relajada con las normas. Me apetecía mucho ver cómo un tipo tan recto como el detective podía interactuar con esa familia que lo mira siempre por encima del hombro.

Te comparan con Mendoza, ¿te gusta o no tanto como se podría presuponer?
Me han llamado cosas mucho peores, te lo juro. Descubrí a Mendoza en la universidad y todavía me río recordando algunas escenas de ‘El laberinto de las aceitunas’. Creo que tenemos estilos distintos, pero una vocación compartida por inventar misterios que hagan reír a los lectores. Para mí, todo un honor, aunque no me gusten demasiado las etiquetas.

¿Qué es lo mejor que te han dicho de tu libro?
La verdad es que están diciendo cosas bastante bonitas. Andoni Luis Aduriz la calificó en redes de “deliciosa”, lo que viniendo de un cocinero de su talla, y además donostiarra como yo, me hace especial ilusión. Las críticas están siendo muy buenas, pero me quedo sobre todo con la gente que se acerca para decirme que ha disfrutado mucho leyéndola. Eso al final es impagable.

¿El humor como bálsamo y salvación?
El humor como bálsamo y salvación siempre. Es la única manera de avanzar sin romperte, aunque a veces cuesta lo suyo. Para mí, además, ha sido también un escudo que me ha protegido cuando, más joven, tenía que luchar contra la timidez. Sin humor, no sé qué hubiera sido de mí.

¿Y también (el humor) como manera de denunciar ‘de contrabando’ aquello que de otro modo no se puede o sencillamente no sería escuchado por quienes de verdad interesa que lo escuchen?
Claro, es mucho más fácil plantear ciertas quejas o críticas desde la ironía que abruptamente. Pero, mira, tengo la sensación de que justo vamos en la dirección contraria. Así que reivindiquemos el humor hasta las últimas consecuencias.

 

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